Me cuesta respirar. Me cuesta soportar, todo lo que antes mis anchas espaldas soportaban. Me cuesta adolecer y agonizar, incluso es cansado llorar.
La vejez me acuesta, me rindo, te miro y me derrumbo. Mi eterna juventud interior salta encima de mi corazón, intentando reponerlo. Que vuelva a vivir, a sonar, a latir.
Sin tí, hace tiempo dejé de ser poco más que algo al lado de nada. Tienes mi luz, te la llevaste y espero a oscuras en esta habitación a que vuelvas.
Caminos, esquinas, puertas, pasillos, habitaciones, siempre lo mismo, siempre diferente para volver a repetir eso que no sabes comprender. Metáforas para susurrar lo más alto posible que me haces daño. Gritos flojos al oido que claman y piden algo de sinceridad, una sóla palabra. Un adiós, un hola, cualquier cosa que se te pase por la cabeza. Sólo te pido eso. Tan solo levántame, mírame a los ojos y dime lo que nunca te atreviste a decir: que juegas, como quien juega a la pelota. Que ríes, con mi alma en la mano, con mis manos en tus brazos, con mi vida en tu cabeza, con la tuya en la sutileza, de algo que suspira, de algo muerto.
(Gracias clarab)
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